24/11/2017 | Divulgación Científica
Laguna El Trébol, una historia de hace 10.600 años en Bariloche
ARI AN BARILOCHE

Laguna El Trébol, una historia de hace 10.600 años en Bariloche

Solemos deleitarnos con películas en la tele y en el cine sobre cazadores primitivos siendo acechados por grandes bestias. Pero no lejos del Centro de Bariloche, historias fascinantes ocurrieron hace más de 10.000 años. Paleontólogos y arqueólogos estudian como detectives las huellas de lo que ocurrió en aquel tiempo.

Para encontrar esos únicos registros que escaparon a los grandes movimientos de tierra, a la agricultura y a la moderna erosión de los sedimentos; los científicos buscan en cofres del tiempo que fueron mayormente cerrados a esas acciones. Los mejores lugares suelen ser las cuevas y los aleros de rocas.

La región de Bariloche es muy rica en este tipo de sitios, muchos de los cuales fueron investigados y otros tantos lo están siendo en estos momentos. Desgraciadamente muchos de ellos no escaparon a la acción del hombre con graffitis en aerosol y hurtos del patrimonio cultural de la provincia (de todos nosotros), pero es cada vez más social el pensamiento de resguardo y estudio.

Paseo de miles de años por Circuito Chico

En el hermoso Circuito Chico de la ciudad de Bariloche, un camino turístico imperdible que rodea la región de Llao Llao, Lago Escondido, Punto Panorámico y Colonia Suiza, se encuentra una pequeña laguna de muy baja profundidad denominada Laguna El Trébol, junto a la cual puede verse un gran hotel en ruinas. La laguna y el barrio del mismo nombre se encuentran hoy contenidos por una reserva natural urbana, un paraíso digno de conservar y disfrutar.

Pues bien ese lugar no es un paraíso solo para nosotros, la historia que contiene preservada es una de las más antiguas para toda la región. No siendo accesible a las visitas (solo a investigadores con los permisos de trabajo respectivos), se encuentran varias zonas con registro fósil del hombre y de los animales que vivieron en los alrededores, que datan de más de 10.600 años antes del presente.

En la Laguna El Trébol existe una cueva que fue ocupada durante miles de años por antiguos cazadores-recolectores.  Los investigadores descubrieron allí un interesante registro arqueológico, conformado por restos de fogones e instrumentos así como de los animales que utilizaban para alimentarse y para fabricar utensilios, vestimenta, etc.

La cueva está constituida por rocas volcánicas de la Formación Ventana (rocas muy antiguas que datan de hace más de 15 millones de años), afectadas por procesos tectónicos de la Cordillera de los Andes y la erosión de glaciares, ríos y lluvia. Todo el paisaje que la rodea tiene reminiscencias del pasaje de grandes glaciares que pulieron y erosionaron las rocas antiguas. La propia Laguna El Trébol, formada hace unos 15.000 años, es una depresión producto de la erosión glaciaria, probablemente dejada por grandes fragmentos de hielo al descongelarse. Para el tiempo en que estos hombres vivieron en la caverna, el hielo de los glaciares ya se había retirado a las altas cumbres de las montañas (como veremos más adelante, habrían existido también glaciares en las laderas del Cerro López y en el Cerro Catedral).

Entre los restos fósiles que se han hallado, algunos se han datado en 10.600 años antes del presente, los investigadores están estudiando los restos de un ciervo de grandes proporciones, mayor que un huemul, también de un zorro primitivo que podría corresponder al denominado Dusicyon avus, además de  vizcachitas o chinchillones de la sierra (científicamente conocidas como Lagidium), un armadillo similar a una mulita (Chaetophractus) y roedores cavadores parientes del tuco-tuco (Ctenomys).

Un Perezoso para desayunar

Uno de los hallazgos más relevantes fue el de los restos de un gigantesco perezoso terrestre, mucho más grande que los pequeños perezosos arborícolas de las actuales selvas de Centro y Sudamérica.  Su estudio indicó que se trataba de un Mylodon, de unos 3 metros de largo y casi dos de altura. Los Mylodon son del grupo de los “perezosos gigantes”, parientes lejanos de sus primos que trepan árboles en las selvas amazónicas y que son conocidos por la lentitud en sus movimientos. Los Mylodon, como otros Edentados (grupo de mamíferos sudamenricanos como las mulitas, los osos hormigueros y los perezosos) carecen de dientes caninos e incisivos y tienen un extraño cráneo, dieta herbívora y hábito completamente distinto a otros vertebrados.

En la cueva de El Trébol se hallaron unos pequeños huesitos redondeados que se encontraban insertos en la gruesa piel de este animal. Los arqueólogos encontraron en estos huesos marcas de los utensilios usados para cortar la piel. Además, algunos de ellos presentan una pátina negra brillante, indicando que fueron expuestos al fuego cuando aún conservaban restos de tejido blando, por lo cual los investigadores evalúan que su carne podría haber sido asada en los mismos fogones donde se han encontrado. Mucha información yace aún en esos restos que sólo a simple vista parecen no decir nada.

Milodontes y megaterios, gigantes de la Patagonia

En el pasado existieron numerosos animales denominados “megamamíferos”, es decir mamíferos de más de 1000 kilogramos de peso; aunque hoy día sólo sobreviven en lugares como África, como los conocidos elefantes, jirafas, rinocerontes e hipopótamos. En nuestro país también existieron grandes mamíferos como el Mylodon, comúnmente llamado milodonte, con un registro fósil muy conocido en estas regiones australes de Patagonia. Inclusive es muy conocida la famosa “Cueva del Mylodon” en la parte más austral de Chile (cercano a Puerto Natales). En esa monumental cueva (de 200 metros de profundidad) se encontraron numerosos esqueletos de animales prehistóricos asociados al hombre primitivo. Pero lo más espectacular de esa cueva es que no solo se hallaron los huesos, sino que también se preservó la piel con pelos y los excrementos de los Mylodon que allí vivieron. Este hallazgo fue utilizado durante la Presidencia Argentina de J. A. Roca para atraer a turistas curiosos y a cazadores internacionales en búsqueda de “criaturas gigantes en la remota región de Patagonia”. Desde el presente, esto fácilmente desenmascara una mentira basada en el fuerte interés turístico –no obstante, si lo piensan, los paleontólogos aún seguimos contestando consultas sobre nuestro “monstruo Nahuelito” –.

La realidad es que estos grandes animales se extinguieron hace unos 10.000 años de los cuales hoy encontramos solo dos especies vivientes emparentadas, de vida arborícola en las selvas. De sus parientes lejanos, en la región patagónica solo subsisten los armadillos llamados piches y peludos.

En el Museo Paleontológico Bariloche se exponen los restos fósiles de otro gigantesco perezoso, que fue hallado por un grupo de obreros de la construcción en el barrio denominado “Las Chacras” en las costas del Lago Nahuel Huapi, apenas a ocho kilómetros del Centro Cívico de Bariloche Se trata de un mamífero gigantesco denominado científicamente Megatherium, o comúnmente megaterio, del cual el adulto parado llegó a medir 5 metros de largo (como un elefante actual). Los restos hallados corresponden al cráneo, una costilla y vértebras del mismo animal. El cráneo muestra una separación importante entre sus huesos, indicando que se trataba de una forma juvenil en etapa de crecimiento, es decir era un pequeño bebote de más de 2 metros de largo.

Su hallazgo en antiguos sedimentos glaciarios (hoy en la playa del lago), indica que para ese momento el frente de deshielo del gigantesco glaciar que avanzaba frente a la ciudad de Bariloche (en donde hoy tenemos el Lago Nahuel Huapi), se encontraba a la altura de Las Chacras. Era casi como estar hoy al frente del Glaciar Perito Moreno de la Provincia de Santa Cruz, pero en Bariloche. De alguna forma, que aún desconocemos, este gran animalito cayó presa del hielo glacial y sus restos fueron enterrados junto con todos los sedimentos y rocas que transportaba el glaciar, formando grandes acumulaciones (la morena glaciaria). Pero ¿cómo es que había glaciares en la zona de Las Chacras?…

Circuito Chico congelado

Todos sabemos que los glaciares no son estáticos. En los últimos miles de años, los glaciares que bajaron de los Andes han sufrido numerosos avances y retrocesos, quedando relegados actualmente a unos pequeños cuerpos en las cumbres de las montañas más altas (como lo es el Cerro Tronador o el Hielo Azul en El Bolsón).

Para el momento en que se encontraba el Megatherium de la costa del lago (18.000 años), la Ciudad de Bariloche estaba hundida en un “mar de hielo” que alcanzaba más de 200 metros de espesor. Nada podría haber vivido en esa época bajo el hielo de Bariloche, ni siquiera podrían haber existido los árboles que hoy tapizan los bosques en las mismas laderas donde antes el hielo todo lo aplastaba.

Para el tiempo en que los antiguos cazadores coexistieron con los animales hoy extintos en la región de El Trébol, el hielo de los glaciares ya se había retirado a las partes altas de las montañas (habrían existido glaciares en el Cerro López y en el Cerro Catedral).

Si bien no era el mismo clima barilochense, los bosques ya habían colonizado la tierra arrasada por los glaciares.

Podemos saber esto gracias a estudios como los de unas investigadoras de Bariloche, que analizaron restos fósiles de polen (paleopalinología) del fondo de la Laguna El Trébol, lo cual permitió reconstruir la evolución de las comunidades vegetales de la zona a lo largo de miles de años. De esa manera, se pudo saber que hace unos 10.600 años en ese lugar había un bosque diferente al actual, conformado por árboles de Nothofagus (el género del ñire y la lenga) con pastizales; un ambiente apto no solo para especies como el guanaco, el huemul y el zorro sino también para un gran herbívoro como el Mylodon.

¿Sólo animales extintos en Bariloche?

En la cueva de El Trébol no solo se encontraron restos de fauna extinta, también se preservaron sedimentos más modernos, donde también hay registro de las acciones del hombre de hace unos 5.800 años hasta época histórica. Se observan evidencias de la interacción con guanacos, huemules, zorro colorado y gris (Lycalopex), un félido (como un gato montés), vizcachita de la sierra, armadillos, además de aves del tamaño de cisnes y chimangos. También se encontraron restos de peces (la perca Percichthys, el pejerrey Patagonina y el puye o puyén Galaxias) y las almejas de agua dulce (Diplodon) que habría llevado el hombre desde la cercana Laguna El Trébol.

La Patagonia sigue teniendo muchas especies únicas en el mundo, imprimiendo un sello muy particular y atractivo. Los patagónicos estamos familiarizados con muchas de ellas, otras tantas nunca las hemos visto pero sabemos que existen. Los turistas que nos visitan se maravillan con todas ellas, ¡la Patagonia es un vergel de especies únicas¡.

Muchos fósiles son hallados en forma fortuita por personas que recorren nuestro territorio, que den aviso a los museos, investigadores y entidades gubernamentales depende de que muchas de las especies hoy extintas sean conocidas para la ciencia y valorizadas para el patrimonio de la región (y de todos). Pero también es importante denunciar si es que se ven personas saqueando cuevas o aleros rocosos, alterando su naturaleza con excavaciones o dañando antiguas pinturas rupestres.

Por Ari Iglesias  Paleontólogo del INIBIOMA (CONICET-UNCO) y Maximiliano Lezcano Historiador del IIDyPCA (CONICET-UNRN)

Publicado en www.anbariloche.com.ar/noticias

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